Correspondencia

Martha Romero
Congreso de Chilpancingo 315, Fracc. Morelos 1,
Aguascalientes, Ags.
Correo electrónico: marpiro1312@hotmail.com

 

Antecedentes

Las candidiasis son micosis ocasionadas por levaduras del género Candida. Se han descrito 81 especies, de las cuales se han detectado siete patógenas principales en nuestro medio. Candida albicans es la más frecuente (de 70 a 80% de los casos). En menor proporción: C. glabrata, C. tropicales, C. parapsilosis, C. krusei, C. guillermondi, C. kefyr y C. dubliniensis.1,2 Proviene de fuentes endógenas (es un comensal normal de piel o mucosas) o exógenas. Se presenta en forma primaria o secundaria a otros padecimientos; puede afectar piel, mucosas, uñas y tejidos profundos; las manifestaciones clínicas son variadas, y en su forma sistémica puede ocasionar la muerte.

Casi siempre, el origen de las infecciones es endógeno; la candidiasis se considera una enfermedad oportunista; se desarrolla en presencia de factores predisponentes locales o sistémicos. Los primeros incluyen oclusión, maceración y uso de corticosteroides.3 Entre los segundos se encuentran
inmunosupresión, diabetes, medicamentos (esteroides, antibióticos de amplio espectro, inmunosupresores) y catéteres, entre otros.3


La candidiasis se manifiesta en diferentes formas: la localizada puede ser mucocutánea o cutánea; en la primera encontramos la localización perianal, la vaginitis y la balanitis; en la segunda, los intertrigos de grandes y pequeños pliegues, la paroniquia y onicomicosis, la candidiasis de la zona del pañal, y la variedad vesiculopustular y folicular.1 Existe una variedad poco frecuente de candidiasis cutánea, descrita como “miliaria por Candida” o “candidiasis de decúbito”.4 De esta variedad clínica se conocen pocos informes, 6 pues la aparición de las lesiones ocurre habitualmente en la piel de la cara posterior del tronco y en la región glútea de pacientes que permanecen por periodos prolongados en cama.

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Se presenta clínicamente por eritema, pústulas, pápulas, erosiones y escamas; asimismo, de forma frecuente con un área de eritema, con pequeñas pústulas y descamación periférica y presencia de lesiones satélites, o eritematoescamosas, lenticulares asiladas o confluentes, o lesiones papuloescamosas rodeadas de pequeñas pústulas.5 El diagnóstico se sospecha por las características clínicas de las lesiones, y el estudio micológico es fundamental para su confirmación, pues es muy similar a la miliaria o sudamina. Lo más sencillo es el examen directo con hidróxido de potasio, solución de lugol o fisiológica. También se puede realizar un frotis y teñirse con Gram, azul de metileno, PAS, Giemsa o Wright. Si se observan abundantes esporas redondeadas u ovales de 2 a 4 mμ de diámetro, pseudohifas o hifas verdaderas, el material se siembra en medio de cultivo de sabouraud simple o con cloranfenicol o ciclohexamida, y si aparece un crecimiento abundante o repetido de colonias, se confirma el diagnóstico. Los medios especiales de cultivo o pruebas químicas permiten identificar la especie causal. El estudio histopatológico puede servir para encontrar datos referentes a espongiosis y pústula espongiforme, así como la presencia del hongo en la capa córnea, sin invasión en otros niveles. Se ha determinado que los factores etiológicos más importantes son la estancia en cama por mucho tiempo y el uso prolongado de antimicrobianos.5

 

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Material y métodos

Se realizó un estudio descriptivo, abierto, prospectivo y longitudinal en el Hospital Hidalgo de la ciudad de Aguas ca lientes, Ags., en el cual se revisó a los pacientes hospitalizados, cuya movilidad estaba restringida por su patología de fondo, y tenían que permanecer encamados en decúbito dorsal por un periodo mayor de tres días. Las siguientes evaluaciones se realizaron cada siete días, hasta su egreso. Se incluyó a pacientes de ambos sexos, mayores de 2 años de edad, con una estancia hospitalaria de más de 72 horas, que se encontraban en la posición de decúbito dorsal con limitación de movimiento a otra posición, sin previas dermatosis en la región dorsal y sin tratamientos antimicóticos por otras causas. El periodo de observación fue de septiembre de 2007 a agosto de 2008. Se evaluó
a 135 pacientes, de los cuales 30 manifestaron signos clínicos compatibles con candidiasis. A todos los pacientes que durante su estancia y revisión clínica presentaron dermatosis en la región dorsal (eritema, escamas, erosiones, pápulas, pústulas, o una combinación de ellas) se les realizó examen directo de las lesiones y cultivo. Asimismo, durante su estancia hospitalaria se solicitaron biometría hemática y glucemia. No se solicitaron estudios para infección de VIH.


Resultados

De los 135 pacientes con movilidad restringida y estancia hospitalaria mayor a tres días se seleccionó a 30 que presentaron manifestaciones dermatológicas (22%). Estos casos tenían las siguientes características: 57% eran hombres de 16 a 77 años de edad, promedio de 46.8 años; los días de hospitalización variaron de tres a 79, con un promedio de 36.5 días (tablas 1 y 2).

 


Entre los diagnósticos de ingreso predominaron las enfermedades neurológicas (33%) (tabla 3). De los pacientes, 73% se sometió a cirugía mayor o procedimientos avanzados de reanimación aérea (tabla 4). Se reportaron seis pacientes portadores de diabetes mellitus tipo 2, que representan 20%; de ellos, sólo uno resultó positivo para candidiasis de decúbito. Los datos clínicos morfológicos que se encontraron fueron eritema y escamas (63%), de los cuales 80% se encontraba con inmovilidad completa (tablas 5 y 6).

De los 30 casos que presentaron lesiones cutáneas, 90% cursaba con algún esquema de antibióticos, y a 20% se le administraba algún glucocorticoide. En relación con los casos positivos, 90% recibió antibiótico, y 10%, hidrocortisona. Se confirmó candidiasis por examen directo positivo en seis pacientes (20%), y el cultivo fue positivo en siete pacientes (23%) (tabla 10).


La especie más frecuente fue Candida albicans (57%) (tabla 7). Se registró a dos pacientes (7%) que habían presentado candidiosis antes de la dermatosis y localizada en otro sitio (uno en vías urinarias y otro en tubo digestivo), por lo que no se relacionaron con los casos positivos de candidiasis de decúbito.
De los estudios de laboratorio, los datos relevantes se resumen en la tabla 8.

Asimismo, el sitio en el que se reportaron las lesiones compatibles con candidiasis de decúbito fue la parte posterior del cuerpo, y predominó tórax posterior (40%) (tabla 9).

Discusión
La candidiasis de decúbito es una variedad clínica poco conocida por el médico, incluso el dermatólogo, y por esta razón también ha sido poco reportada en la bibliografía. Se caracteriza por lesiones eritematosas con pápulas, pústulas, erosiones y escamas, habitualmente en la piel de la cara posterior del tronco y región glútea de pacientes que permanecen periodos prolongados en camas de hospital. En el presente estudio comunicamos los datos de 30 pacientes hospitalizados, que por su padecimiento fundamental tuvieron movilidad restringida y tenían que permanecer encamados en decúbito dorsal por un periodo mayor de tres días. A siete de estos pacientes se les diagnosticó candidiasis de decúbito. De dichos casos, con datos positivos para Candida sp., el promedio de edad fue de 52.1 años, y 57% de sexo masculino. Las alteraciones que se presentaron fueron sobre todo leucocitosis (42.8%) e hiperglicemia (28.5%), a diferencia de la neutropenia, que suele relacionarse con candidiasis visceral o sistémica.10 Las lesiones más frecuentes fueron eritema, escamas, erosiones y pápulas, que no difieren de las reportadas por Nico et al.5 y Galimberti et al.4 Estas lesiones predominaron en tórax posterior (42.8%), no así en región lumbosacra (28.5%) ni región glútea (28.5%). Esta localización se debe a que el tórax posterior es la región menos movilizada por el personal de enfermería en los pacientes que se encuentran en inmovilidad, en especial si es completa. La mayoría de los pacientes diagnosticados (80%) con esta enfermedad estaba en inmovilidad completa y sólo uno con inmovilidad parcial, lo que comprueba lo mencionado en los antecedentes donde relacionamos la inmovilidad con el desarrollo de candidiasis de decúbito. Llama la atención que no fue relevante la presencia de diabetes mellitus 2 ni glucocorticoides para la aparición de candidiasis de decúbito, pues sólo dos pacientes son portadores de diabetes mellitus 2 y uno recibió esquema de glucocorticoides, aunque el número de casos es relativamente pequeño para anticipar esta determinación. Sin embargo, cabe observar el descontrol metabólico, pues los pacientes con diabetes mellitus 2 que se reportaron como positivos para esta dermatosis manifestaban esta característica. En Nico et al.5 se relacionó un menor tiempo de estancia hospitalaria para desarrollar las lesiones en pacientes diabéticos, aunque subrayaron que el número de casos en su estudio es pequeño para llegar a esa conclusión. De los pacientes reportados como positivos, 86% cursaba con algún esquema de antibióticos, con lo que confirmamos que son un factor para el desarrollo de candidiasis no sólo de decúbito, sino en todo el organismo, como se reporta en la bibliografía. Nico et al. proponen que el mecanismo por el cual los antibióticos son un factor para desarrollar esta patología es la interrupción del balance entre la población bacteriana y las levaduras con mayor disponibilidad de nutrientes; asimismo mencionan que se emplearon varios
antibióticos en los pacientes de muestra.5 El tiempo de estancia hospitalaria en los casos positivos fue de 16.8 días, dato con el que podemos anticipar que
los pacientes que pasan más de dos semanas hospitalizados desarrollarán candidiasis de decúbito. En Nico et al.5 se reporta un promedio de 24.8 días de estancia hospitalaria para el desarrollo de lesiones, y se relaciona la prolongada oclusión de la piel dorsal contra la cama como factor esencial en el origen de candidiasis de decúbito, con lo cual coincidimos al comparar con el promedio de días que nosotros registramos. En este estudio, la especie de Candida que se relacionó
con más frecuencia con candidiasis de decúbito fue Candida albicans, al igual que la reportaron Galimberti et al, como la especie más aislada en patologías cutáneas candidiásicas.4 El estudio más confiable en esta investigación fue el cultivo, pues el examen directo en un caso positivo resultó negativo; sin embargo, es muy aventurado de nuestra parte concluir que el examen directo es menos confiable con esta mínima diferencia, que bien puede atribuirse a falta de experiencia
en la interpretación del examen directo. Nico et al. aportaron que el examen directo con KOH fue confiable para un diagnóstico rápido de candidiasis de decúbito.5


Conclusión
Se valorará la ampliación de la muestra para tener un mayor impacto de los resultados obtenidos. Es muy importante el conocimiento de esta patología, pues permitirá dar un tratamiento oportuno para prevenir la extensión y complicaciones asociadas a ella. El conocimiento de los factores de riesgo nos orientará a la sospecha, y se buscará intencionadamente candidiasis de decúbito cuando el paciente se encuentre más de dos semanas hospitalizado con inmovilidad (generalmente completa) al notar, mediante la exploración física de la parte posterior del paciente (comúnmente omitida), erosiones, escamas, eritema o pápulas.
Además, se tendrá en cuenta sobre todo si el paciente cursa esquema de antibióticos, pues dicha condición es un factor determinante para candidiasis de decúbito.